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jueves, 6 de marzo de 2008

Juan Eslava Galán - La Mula

A un kilómetro, el grupo rodea los muros de piedra de la ermita de la Virgen de la Antigua, patrona de Hinojosa, que la guerra ha respetado, y toma la vereda de la derecha, que conduce al pozo del Arroyo. Allí hay ya un grupo de milicianos. El sargento nacional intercambia un breve saludo con el sargento republicano. Los que se conocen de visitas anteriores se saludan, se agrupan, sacan de los morrales la mercancía e inician el trapicheo. A los rojos les sobra el papel de fumar, dado que las fábricas de Alcoy caen en su zona, pero no tienen tabaco. Los nacionales, por el contrario, carecen de papel, pero tienen tabaco, porque las vegas de Granada y Canarias caen en su jurisdición. Antes que combatientes son fumadores.

Castro distingue a Manolico el de la Pirrañaca, bisojo, panzoncete, riendo como siempre, a pesar de los casi tres años de guerra.

_¿Qué pasa, Manuel? _lo saluda.

_¿Qué, dos paisanos no se abrazan? _ dice el miliciano abriendo los brazos.

Se abrazan.

_Me alegro de verte bien.

_Y yo a ti.

El de la Pirriñaca se enjuga una lágrima.

_Ahí tienes a un amigo que ha venido a verte. _ Señala el pozo con la barbilla_. ¿No te acuerdas del Churri?

_No me voy a acordar.

El Churri está sentado en el brocal. Alto, moreno, más delgado, quizá sea el mono azul que viste debajo de la chaqueta de cuero. Le sonríe sin dobleces a su antiguo amigo.

_Juanillo, ¿cómo te va?

Después de una vacilación, los dos se funden en un largo abrazo largo y silencioso. Castro no puede reprimir las lágrimas. Se las limpia con el dorso de la mano. Sonríe avergonzado.

_¡Coño, Churri, mira, aquí llorando como un gilipollas!

El Churri le palmea la espalda. Le mete en el bolsillo de la guerrera un puñado de carterillas de papel de fumar.

_Benito, yo no te he traido tabaco _se excusa Castro_. Con las prisas...

_¡Qué más da!

_No sabes la alegría que me llevé ayer al saber que estabas vivo. Con esta mierda de guerra...

_Yo también me alegré por ti. Digo, mira Juanillo, al joío lo bien que le va con los mulos, que es lo suyo, aunque sean fascistas, ¡qué coño!

_¡Los mulos que van a ser fascistas! _protesta Castro riendo_. Ni rojos ni fascistas. Más conocimiento tienen que nosotros.

El Churri sonríe. Reflexiona un momento, serio, y luego dice:

_Todo este tiempo me ha escocido lo mal que quedamos, nosotros, que éramos como hermanos... más que hermanos. No sabes cómo he pensado en ti, con ganas de que acabara la guerra para encontrarte y que nos diéramos un abrazo de paz...

Castro aprieta el brazo de su amigo.

_Pues ya nos lo hemos dado, Benit.o. Yo también he pensado mucho en lo mal que lo hicimos. La culpa la tuve yo. Ya sabes: por el qué dirán... Como mi padre no quería que me significara con elementos anarquistas...

_¡Venga, hombre! La culpa fue de los dos, que yo también me puse muy burro y debí mandar a la mierda al comisario de mi sección cuando me dijo que qué era eso de tener un amigo fascista...

_Venga, Benito: eso ya es agua pasada. ¿Todavía te gusta el chocolate?

_¡Coño, Juanillo, eso no se pregunta!

Saca Castro media tableta de chocolate y la comparte con su amigo. (págs. 110-111)

martes, 22 de enero de 2008

Señorita - Juan Eslava Galán

68
LA SIERRA. CÓRDOBA
El coche de la Comandancia levantó una densa nube de polvo que fue a asentarse directamente sobre las lentejas con tocino. En una de las bandas laterales del automóvil, con letra vacilante pero de trazo firme, se leía:"Coche cojido a los fascistas a fuego y sangre por el terror de los Siete." A ambos lados del letrero había una estrella de cinco puntas y la hoz y el martillo.
Del automóvil se apearon un teniente con gafitas que llevaba una carpetilla en la mano y un atezado y robusto sargento.
_¡Atenta la compañía! _aulló el sargento y advirtió, mirando a dos comensales que continuaban charlando_: ¡A ver si tengo que liarme a hostias!
Fue mano de santo. La compañía guardó silencio.
_Venga, teniente _invitó el sargento, y cruzando las manos a la espalda se desentendió de la tropa para mirar al cielo como los toreros cuando cuajan una buena faena.
El de las gafas abrió la carpeta y extrajo un folio.
_Cosme Villanueva Repollo y Bartolomé Linares Matojo, de "Las Panteras de la Noche".
_¡Presente! _se oyó un dúo de vozarrones entre los olivos.
_¡Venid para acá. que tenéis trabajo! _ordenó el sargento.
Los milicianos se adelantaron remoloneando.
_Jacinto Bailén Montonera y Próculo Alcalá Peñazo, de la agrupación sindical "Los Sepultureros del Fascismo" _voceó el teniente.
_¡Aquí estamos! _respondieron dos voces.
_Se dice "presente" _corrigió el sargento_. Y venid para acá.
Salieron los aludidos, uno de ellos limpiándose la cuchara en la trasera del pantalón.
_Ciriaco Lahiguera Restrepo, de "Los Chacales de la Noche".
_¡Presente, mi teniente!
El chacal de la noche parecía más bien una ave desplumada, pero lucía en el cinto una pistolera formidable, aunque sólo guardara en ella un trozo de salchichón y un bote de aceite.
_Abundio Martos Lahaba, de "Los Higos del Amanecer".
_¿Los higos del amanecer? _se alarmó el sargento Cazalilla.
_Eso pone aquí, sargento, "Los higos del Amanecer".
_ ¡Los higos al amanecer están muy buenos! _comentó un guasón al fondo.
Una carcajada general acogió la ocurrencia.
_¿Quién ha sido, quién ha sido? _aulló el sargento Cazalilla lanzando inquisitivas miradas a los pelotones de dónde parecía venir el comentario_. A ver si voy a tener que meterle un correctivo al gracioso. A ver, mi teniente, permítame ver esos papeles.
Casi se los arrebató de las manos. El teniente le señaló lo que acababa de leer.
_ Ahí lo tiene, sargento, "Los Higos del Amanecer".
El sargento deletreó con dificultad. Al contrario que Garcilaso, estaba más versado en las armas que en las letras.
_Aquí pone hijos, mi teniente _dijo Cazalilla_. Lo he escrito yo mismo y conozco mi letra.
_Pues ha puesto usted higos.
_Mi teniente, no me diga usted eso, ¿no lo vé?: hijos.
_Es que hijos se escribe con jota y usted ha puesto higos, con ge. Y además sin hache, le falta una hache al principio.
Cazalilla se soliviantó.
_Y eso ¿quién lo dice, mi teniente? _Su actitud era respetuosa pero firme. El gafitas no tenía media hostia, aunque fuera su superior_. ¿Quién manda que hijos se tenga que escribir con jota?
_ La Real Academia de la Lengua.
_¡Me voy a cagar en todo lo que verdeguea! _El sargento se enfadó de verdad_. ¿Es que le va hacer caso a unos fascistas, mi teniente? Yo que llevo en la CNT toda la vida y que me estoy batiendo el cobre con los fascistas desde que empezó el jaleo he puesto ahí hijos con ge ¿me va usted a quitar la autoridad delante de la tropa?
_Bueno, bueno _aceptó el teniente conciliador_, a ver, ¿dónde está Abundio Lahaba de la agrupación "Los Hijos del Amanecer".
_Aquí, mi teniente _se presentó un miliciano.
_Pues ya están todos _concluyó el teniente.
_Me sigan _ordenó el sargento.

martes, 10 de abril de 2007

El Mercenario de Granada

-¿Y Boabdil?

-Boabdil se fue ayer a las tierras que le ha concedido Fernando, en el valle de la Purchena, con más de cien mulas cargadas de equipaje. Lo acompañaba su pequeña corte y su consejero Aben Comixa, el maldito de Alá. Antes desenterró los restos de los sultanes del cementerio real para inhumarlos en sus nuevas tierras. Ahora se ha visto la prudencia de Muley Hacén que, presintiendo lo que había de pasar en cuanto el reino estuviera en manos del hijo, se hizo sepultar en el monte más alto de la sierra, debajo de metros de nieve, donde nadie, ni cristiano ni moro, perturbara su sueño. Me han contado que cuando Boabdil trasponía detrás de las colinas, se volvió a contemplar por última vez la Alhambra, con lágrimas en los ojos. Aixa, la madre, que iba a su lado, le dijo:
"Bien está que llores como mujer por lo que no has sabido defender como un hombre."
- Las madres, siempre tan consoladoras - comentó Orbán.
Juan Eslava Galán.