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martes, 26 de enero de 2010

La Ira del Fuego - Henning Mankell

Lydia se fue a dormir. Como Sofia ya había recogido sus escasas pertenencias se quedó un rato junto al fuego. Enseguida oyó que Lydia se había dormido.
Sofía estaba sentada mirando las llamas. Y ahora aparecían todas las caras con claridad. Ahí estaba Hapakatanda. De pronto Sofía pudo verse a sí misma de muy pequeña. La levantaban muy alto por encima del suelo y Hapakatanda le enseñaba el sol. Ahí estaba Muazena, ahí estaba Maria. Sofía pensó que quizá no importaba mucho estar vivo o muerto. De todos modos pertenecías a la misma familia.
Ahora comprendía cuál era el secreto del fuego.
Era en él donde podía encontrarse con todos los que le pertenecían. Ya estuviesen vivos o muertos, ya vivieran cerca o en algún lugar lejano. En el fuego todo quedaba guardado. (Pág. 137)

viernes, 16 de enero de 2009

El Chino - Henning Mankell

Después , ambas fueron miembros del grupo de izquierda radical conocido como Los Rebeldes y, durante varios meses de actividad febril, vivieron en una secta cuyos pilares eran una autocrítica brutal y el dogmatismo de la confianza en las interpretaciones que Mao Zedong hacía de las teorías de la revolución, Se distinguieron de todas las demas alternativas de izquierda, a las que miraban con desprecio. Destruyeron sus discos de música clásica, limpiaron sus estanterías y llevaron una vida que emulaba la de la guardia roja que Mao había movilizado en China.

Karin le preguntó si recordaba el famoso viaje a Tylösand, adonde fueron a bañarse. Sí, claro que lo recordaba. Habían celebrado una reunión con la célula a la que pertenecían. El camarada Moses Holm, que estudió medicina, aunque perdió la licencia por abuso y prescripción de narcóticos, presentó la propuesta de ''infiltrarse en el nido de serpientes burgués que se pasaba el verano bañándose y tomando el sol en Tylösand''. Tras una larga discusión se aceptó la propuesta y se diseñó una estrategia. Al domingo siguiente, un día de primeros de julio, diecinueve camaradas partieron en autobús en dirección a Halmstad, hacia Tylösand. Encabezado por un retrato de Mao y rodeado de banderas rojas, el grupo inició la marcha hasta la playa, ante el asombro de los veraneantes. Recitando divisas y blandiendo el pequeño libro rojo, se adentraron en el agua con la fotografía de Mao. Después se congregaron en la orilla cantando El este es rojo, condenaron la Suecia fascista en un breve discurso y exhortaron a los trabajadores que tomaban el sol a tomar las armas y prepararse para la revolución que no tardaría en llegar. Finalmente regresaron a casa, donde dedicaron varios días a valorar ''el ataque'' en la playa de Tylösand.
-¿Qué es lo que mejor recuerdas tú? -quiso saber Karin.
- A Moses. Aseguraba que nuestra entrada en Tylösand quedaría escrita en la futura historia de la revolución.
-Yo recuerdo lo fría que estaba el agua. (pág.241)

lunes, 31 de marzo de 2008

Henning Mankell - Profundidades


Amaba profundamente a su esposa. Cada vez que debía partir de viaje por cuestiones de trabajo y se despedía de ella, inspiraba sin que se notase, el perfume de su piel cuando la besaba brevemente. Era como si almacenara aquel aroma, como si de un buen vino o de una especie de opio se tratase, para recurrir a él cuando se sintiese tan abandonado que corriese el riesgo de perder el control sobre sí mismo.


Allá por kastellholmen, un remolcador despedía vaharadas de vapor. Posó su mirada en una gaviota suspendida en el aire, sobre el buque.


Él era un hombre solitario. Su soledad se parecía a un abismo en el que temía precipitarse un día. Había calculado que ese abismo debía tener un mínimo de cuarenta metros y que debía arrojarse a él de cabeza, para asegurarse la muerte.


Se encontraba exactamente en el centro de la escala. Estimó, aproximadamente, que la escala cubría un desnivel de siete metros. Ahora se encontraba, por tanto, a tres metros y medio del muelle a igual distancia de la borda de la embarcación.


Todos sus recuerdos estaban relacionados con las distancias. Distancias entre él y su madre y su padre, entre el suelo y el techo, entre desasosiego y gozo. Toda su vida giraba en torno a las distancias, a cómo medirlas, reducirlas o extenderlas. Era un hombre solitario en una búsqueda constante de nuevas distancias que determinar o interpretar.


Medir la distancia era una suerte de conjuro, su instrumento para domeñar los movimientos del tiempo y del espacio.


Desde el principio, desde que él tenía capacidad para recordar, la soledad había sido como su propia piel.

kristina Tacker no era sólo su esposa. También era la tapadera invisible que él ponía sobre aquel abismo. (págs. 15-16)


****


En la borda de estribor, donde se hallaba medio oculto bajo la escala, entrevió la costa a la luz del alba. Islas y arrecifes surgían y desaparecían sumidos en la irregular superficie del mar.


''Aqui comienza y termina un país'', se dijo Lars Tobiasson-Svartman. ''Pero la línea limítrofe es escurridiza, no existe un punto en el que termine el mar y comience la tierra, Los islotes apenas se ven sobre la superficie del mar, Antiguamente, los hombres de mar veían en estos peñascos, bajíos y arrecifes, monstruos marinos horrendos y extraordinarios, Yo también puedo imaginarme esas rocas como animales que emergen despaciosos del mar. Pero no me infunden ningún temor. Esas rocas que se entrevén entre las olas se me antojan hipopótamos reflexivos e inocentes, de una especie que sólo se encontrará en el Báltico.


''Aqui empieza y termina un país'', reiteró para sí, ''un macizo que endereza calmoso su espalda. Un macizo llamado Suecia.''


Se acercó a la borda y miró el agua, de un azul grisáceo, que se estrellaba contra los flancos del destructor. ''El mar nunca cede'', sentenció para sí, ''nunca vende su pellejo. En invierno este mar es como una piel helada. El otoño es calma, espera. Repentinos arrebatos de vientos vociferantes. El verano no es más que un raudo destello en la límpida superficie del agua."


''El mar, la elevación del terreno, todos esos fenómenos, incomprensibles, son como el lento movimiento desde la niñez hacia la senectud y la muerte. En todos los hombres se produce una elevación del terreno. Del mar proceden nuestros recuerdos.''


El mar es un sueño que nunca vende su pellejo. (págs. 23-24)


martes, 5 de junio de 2007

Antes de que Hiele - Henning Mankell


Hacía ya muchos años, se le había ocurrido pensar que aquello a lo que se dedicaba era algo muy distinto de lo que ella pretendía en realidad: no era indicio de fortaleza, sino de debilidad, un sarpullido provocado por una especie de amargura que se ocultaba en su interior sin que ella supiera por qué.