martes, 25 de marzo de 2014

Las normas de la casa - Jodi Picoult


THEO 

Me han tenido que dar veinticuatro puntos de sutura en la cara gracias a mi hermano. Diez de ellos me dejaron una cicatriz que me atraviesa la ceja izquierda después de la vez que Jacob tirase mi trona cuando yo tenía ocho meses. Los otros catorce me los dieron en la barbilla, en las Navidades de 2003, cuando me emocioné tanto con alguna tontería de regalo que arrugué el envoltorio y Jacob se puso hecho una furia con el ruido. Sin embargo, el motivo de que te cuente esto no tiene nada que ver con mi hermano. Es porque mi madre te dirá que Jacob no es violento, y yo soy la prueba viviente de que se engaña a sí misma.

Se supone que debo hacer excepciones por Jacob, una de nuestras normas de la casa no escritas. Por eso, cuando tenemos que desviarnos para evitar una señal de desvío (qué irónico, ¿no?) porque es de color naranja y a Jacob le pone de los nervios, eso está por encima del hecho de que yo vaya a llegar diez minutos tarde a clase. Y él siempre se ducha el primero porque hace mil años, cuando yo no era más que un bebé, Jacob se dio su primera ducha antes que yo, y le supera que le trastoquen su rutina. Y cuando cumplí los quince y pedí hora para sacarme el permiso de aprendizaje en la oficina de tráfico —cita que se canceló cuando a Jacob le dio un ataque por la compra de un par de zapatillas nuevas—, se esperaba de mí que entendiese que estas cosas pasan. El problema es que las tres veces que intenté que mi madre me llevase a la oficina de tráfico pasó algo y, al final, dejé de pedirlo. A este paso, seguiré moviéndome en skate hasta los treinta.

Una vez, cuando éramos pequeños, Jacob y yo estábamos jugando con una barca hinchable en un estanque cerca de casa. Me tocaba a mí cuidar de Jacob, aunque él era tres años mayor y había recibido tantas clases de natación como yo. Volcamos la barca y salimos nadando a la superficie justo debajo de ella, un espacio muy agobiante y cargado de humedad. Jacob se puso a hablar de dinosaurios, el tema por el que le había dado en aquella época, y no se callaba. De repente, me empezó a entrar el pánico, Jacob estaba consumiendo todo el oxígeno que había en aquel espacio tan reducido. Empujé el bote en un intento de quitárnoslo de encima, pero el plástico había creado algún tipo de efecto de vacío con la superficie del agua, lo que solo consiguió que sintiese más pánico aún. Claro que sí, que ahora y visto desde aquí, podría haber salido nadando por debajo de la barca, pero en aquel momento no se me ocurrió. Lo único que había en aquel instante para mí era que no podía respirar. Cuando la gente me pregunta qué se siente al crecer con un hermano que sufre asperger, eso es lo que siempre me viene a la cabeza, aunque la respuesta que doy en voz alta es que nunca he conocido algo diferente.

No soy un santo. Hay veces que hago cosas para volver loco a Jacob, porque no veas lo fácil que es, como cuando me metí en su armario y le revolví toda la ropa. O cuando le escondí el tapón de la pasta de dientes para que no se lo pudiese volver a poner al tubo cuando terminase de lavárselos. Pero entonces acabo sintiéndome mal por mi madre, que suele llevarse la peor parte de las crisis de Jacob. Hay veces que la oigo llorar, cuando cree que Jacob y yo estamos dormidos. Entonces me acuerdo de que tampoco ella eligió esta vida.

Así que me dedico a intervenir. Soy yo quien aparta físicamente a Jacob de una conversación cuando empieza a rallar a la gente por ser demasiado intenso. Soy yo quien le dice que pare quieto cuando se pone nervioso en el autobús, porque eso le hace parecer un verdadero chiflado. Soy yo quien va a las clases de Jacob antes de ir a las mías solo para contarle al profesor que Jacob ha tenido una mañana complicada porque no nos dimos cuenta de que se nos había acabado la leche de soja. En otras palabras, yo hago de hermano mayor aunque no lo soy. Y en esos ratos en que pienso que no es justo, cuando me hierve la sangre, me quito de en medio. Y si mi cuarto no está lo bastante lejos, me subo en mi tabla y me doy una vuelta por ahí, por cualquier parte que no sea el sitio donde se supone que está mi hogar.

Y eso hago esta tarde, después de que mi hermano haya decidido convertirme en el asesino de su escenario del crimen de mentira. Te seré sincero: no se trató del hecho de que cogiese las zapatillas sin preguntarme, ni tampoco siquiera que pillase pelo de mi cepillo (que, francamente, da escalofríos en plan El silencio de los corderos). Fue que, cuando vi a Jacob en la cocina con la sangre de sirope de maíz, la herida de pega en la cabeza, y que todas las pruebas apuntaban hacia mí, durante medio segundo pensé: «Ojalá».

Pero no se me permite decir que mi vida resultaría más sencilla sin Jacob. Ni siquiera se me permite pensarlo. Es otra de esas normas no escritas de la casa. Así que pillo mi abrigo y me voy hacia el sur, aunque ahí fuera haga siete bajo cero y sienta como si el aire me cortase la cara. Hago una parada breve en las pistas de skate, el único sitio en esta ciudad de los huevos donde la policía te deja siquiera patinar ya, aunque no se pueda hacer absolutamente nada en invierno, que es algo así como nueve meses al año en Townsend, Vermont.

Anoche nevó, unos cinco centímetros, y cuando llego allí hay un chaval con una tabla de snowskate que intenta hacer un ollie por las escaleras. Un amigo lleva un móvil y graba el truco. Los reconozco del instituto, pero no van a mis clases. Yo soy como una especie de antiskater: doy todas las asignaturas en el programa de bachillerato avanzado y tengo una media de notable. Eso, por supuesto, me convierte en un empollón entre los skaters, exactamente igual que mi forma de vestir y que me guste el skate me convierte en un colgao para los que sacan buenas notas.

miércoles, 19 de marzo de 2014

Romance de la luna - Federico García Lorca

La luna vino a la fragua
con su polisón de nardos.
El niño la mira mira.
El niño la está mirando.
*
En el aire conmovido
mueve la luna sus brazos
y enseña, lúbrica y pura,
sus senos de duro estaño.
*
Huye luna, luna, luna.
Si vinieran los gitanos,
harían con tu corazón
collares y anillos blancos.
*
Niño déjame que baile.
Cuando vengan los gitanos,
te encontrarán sobre el yunque
con los ojillos cerrados.
*
Huye luna, luna, luna,
que ya siento sus caballos.
Niño déjame, no pises,
mi blancor almidonado.
*
El jinete se acercaba
tocando el tambor del llano.
Dentro de la fragua el niño,
tiene los ojos cerrados.
*
Por el olivar venían,
bronce y sueño, los gitanos.
Las cabezas levantadas
y los ojos entornados.
*
¡Cómo canta la zumaya,
ay como canta el árbol¡
por el cielo va la luna
con el niño de la mano.
*
Dentro de la fragua lloran,
dando gritos, los gitanos.
El aire la vela, vela.
El aire la está velando.

Porcupine Tree - Moonloop


martes, 18 de marzo de 2014

Soy un enamorado de mi privacidad

     El siguiente relato , resultado de mi faceta más pedigüeña, pertenece a Manuel M. S. quién, tras darle la tabarra, accedió a compartirlo en este pequeño rincón. 
   Qué lo disfrutéis, al menos, tanto como yo. 

   Soy un enamorado de mi privacidad; a ver, enamorado no sé, pero de lo que estoy seguro es que la necesito y esa necesidad es la causa de que con ella me sienta tan a gusto como me siento cuando disfruto de su compañía. Siempre que he prescindido de ella, el desastre. La primera vez que recuerdo su ausencia fue mi noche de bodas. Me acostaba con ella y eran momentos deliciosos; era muy celosa y solo me permitía compartirla con un libro, así que éramos un trío maravilloso: mi libro, mi privacidad y yo. Aunque se que los tríos son pecado, nunca lo confesé al cura y, curiosamente nunca tuve remordimiento por ello. Pues bien esa noche, la de mi boda, le di con la puerta en las narices y la sustituí por Carmen María; era necesario....más, era imprescindible y aquello fue un desastre. Años más tarde, sin un reproche vino de nuevo a mí y el por qué lo relato a continuación. Ocurrió que mi cuñada me convenció para que fuésemos un día a una playa nudista; ella con Miguel, su compañero, y yo con Carmen María. Llegado a la playa añoré a mi querida privacidad y deseé que me tomara entre sus tranquilizadores brazos y me evitase la exposición de mi integridad; intuía un desastre y el desastre tenia carga retardada. Desde aquel día Carmen María tenía un cierto brillo malicioso en los ojos y una evidente alegría en el cuerpo. Una tarde de Septiembre, su hermana vino a verme entre llorosa e indignada preguntándome si había advertido algo....." Tu no notas nada?" "¿Yo, notar qué?","¡ay, que memos sois los hombres!" , "Mujer, como no seas más clara....", " Carmen María....¡pero si era una mosquita muerta, si era la santita de la casa, la niña modelo!", ".....¿Y?" "ufff, que irritante, que pardillo y que....que..., no me extraña, no me extraña nada, Miguel te da mill vueltas. Siempre pensé que que buena pareja hacíais, los dos tan...., tan....", y , eso no era una mujer, eso era una boca mezclando barbaridades, juramentos, insultos, diciendo incoherencias, señalando no se que de grande y poderosa la de uno y escuchimisá la del otro...¡lo que dijo esa bocaaaaaaaaa! Un ahogo, un llanto intenso, incontenible , hizo que esa mujer no pudiese emitir más sonidos inteligibles. Por fin una luz se hizo dentro de mi y, cuando Carmen Maria llegó esa noche no me sorprendió su petición de divorcio.

    Días más tarde recibí una llamada de su abogado citándome en un café cercano a su despacho. Acudí y ...." Se va a presentar una demanda por estafa continuada", "¿Estafaaaa , quién estafa, a quién se estafa"? , "Carmen María le acusa de haberla engañado desde que se casaron", "¿Engañadaaaa....ellaaaaa? Aquí el engañado he sido yo, ¡creo que está claro!", " Ha sido tajante en esto: engañada cada día, cada minuto" , "y en que consiste el engaño si puede saberse?". Miró a uno y otro lado y, acercando su rostro al mio me dijo cosas.....¡que cosas me dijoooo! .En mi cerebro se confundían antiguas palabras de pasíon con " haber presentado como algo insuperable lo facilmente superable, como material de primera lo que no era sino mercancía propia del más lejano oriente, el cielo con lo que no era más que un decorado con algunas, pobres estrellas y la luna de Valencia......" Sentí asco, rabia, pena, vergüenza, mucha verguenza y pedí que me dejase solo; ni fuerzas tenía para salir de allí.
Y aquí estoy con ella de nuevo; con sus caricias de siempre, con sus mimos, con su amor que tras un tiempo de ausencia, se mantiene en su intensidad."Nunca, nunca te amaron, nunca te amarán como yo te amo; nunca serás más hermoso que cuando yo te miro" . Y así, con sus inaudibles arrumacos que penetraban mi interior como mil caricias sonoras, pasaban mis días....." Sé obediente, no te rebeles, que no nos molesten; ellos no te llevarán si tú disfrutas de esta habitación y mi compañia. Ya sabes que jamás te abandonaré, y cuando ya no estés aquí, cuando digas adiós para siempre, yo seré más tuya que nunca y tú serás mio, y lo serás para siempre". "Pero hasta que eso llegue.......Ea¡ ya están aquí, toca paseo.....venga que no te abandono, ¡que voy contigo! Este señor de la bata blanca te llevará al jardin y te sentará en tu banquito de siempre....¡Mira que sol tan bonito! ......Estoy contigo y no te dejaré nunca, nunca....¡te quiero tanto!

sábado, 15 de marzo de 2014

Nunca me abandones - Kazuo Ishiguro

PRIMERA PARTE
-1-



Mi nombre es Kathy H. Tengo treinta y un años, y llevo más de once siendo cuidadora. Puede parecer mucho tiempo, lo sé, pero lo cierto es que quieren que siga otros ocho meses, hasta finales de año. Esto hará un total de casi doce años exactos. Ahora sé que el hecho de haber sido cuidadora durante tanto tiempo no significa necesariamente que piensen que soy insuperable en mi trabajo. Hay cuidadores realmente magníficos a quienes se les ha dicho que lo dejen después de apenas dos o tres años. Y puedo mencionar al menos a uno que siguió con esta ocupación catorce años pese a ser un absoluto incompetente. Así que no trato de alardear de nada. Pero sé sin ningún género de dudas que están contentos con mi trabajo, y, en general, también yo lo estoy. Mis donantes siempre han tendido a portarse mucho mejor de lo que yo esperaba. Sus tiempos de recuperación han sido impresionantes, y a casi ninguno de ellos se le ha clasificado de «agitado», ni siquiera antes de la cuarta donación. De acuerdo, ahora tal vez esté alardeando un poco. Pero significa mucho para mí ser capaz de hacer bien mi trabajo, sobre todo en lo que se refiere a que mis donantes sepan mantenerse «en calma». He desarrollado una especie de instinto especial con los donantes. Sé cuándo quedarme cerca para consolarlos y cuándo dejarlos solos; cuándo escuchar todo lo que tengan que decir y cuándo limitarme a encogerme de hombros y decirles que se dejen de historias.
En cualquier caso, no tengo grandes reclamaciones que hacer en mi nombre. Sé de cuidadores, actualmente en activo, que son tan buenos como yo y a quienes no se les reconoce ni la mitad de mérito que a mí. Entiendo perfectamente que cualquiera de ellos pueda sentirse resentido: por mi habitación amueblada, mi coche, y sobre todo porque se me permite elegir a quién dedico mi cuidado. Soy una ex alumna de Hailsham, lo que a veces basta por sí mismo para conseguir el respaldo de la gente. Kathy H., dicen, puede elegir, y siempre elige a los de su clase: gente de Hailsham, o de algún otro centro privilegiado. No es extraño que tenga un historial de tal nivel. Lo he oído muchas veces, así que estoy segura de que vosotros lo habréis oído muchas más, por lo que quizá haya algo de verdad en ello. Pero no soy la primera persona a quien se le permite elegir, y dudo que vaya a ser la última. De cualquier forma, he cumplido mi parte en lo referente al cuidado de donantes criados en cualquier tipo de entorno. Cuando termine, no lo olvidéis, habré dedicado muchos años a esto, pero sólo durante los seis últimos me han permitido elegir.
Y ¿por qué no habían de hacerlo? Los cuidadores no somos máquinas. Tratas de hacer todo lo que puedes por cada donante, pero al final acabas exhausto. No posees ni una paciencia ni una energía ilimitadas. Así que cuando tienes la oportunidad de elegir, eliges lógicamente a los de tu tipo. Es natural. No habría podido seguir tanto tiempo en esto si en algún punto del camino hubiera dejado de sentir lástima de mis donantes. Y, además, si jamás me hubieran permitido elegir, ¿cómo habría podido volver a tener cerca a Ruth y a Tommy después de todos estos años?
Pero, por supuesto, cada día quedan menos donantes que yo pueda recordar, y por lo tanto, en la práctica, tampoco he podido elegir tanto. Como digo, el trabajo se te hace más duro cuando no tienes ese vínculo profundo con el donante, y aunque echaré de menos ser cuidadora, también me vendrá de perlas acabar por fin con ello a finales de año.

jueves, 13 de marzo de 2014

Ayer - Ángel González

Ayer fue miércoles toda la mañana.
Por la tarde cambió:
se puso casi lunes,
la tristeza invadió los corazones
y hubo un claro
movimiento de pánico hacia los
tranvías
que llevan los bañistas hasta el río.

A eso de las siete cruzó el cielo
una lenta avioneta, y ni los niños
la miraron.
                  Se desató
el frío,
alguien salió a la calle con sombrero,
ayer, y todo el día
fue igual,
ya veis,
qué divertido.
ayer y siempre ayer y así hasta ahora,
continuamente andando por las calles
gente desconocida,
o bien dentro de casa merendando
pan y café con leche, ¡qué
alegría!

La noche vino pronto y se encendieron
amarillos y cálidos faroles,
y nadie pudo
impedir que al final amaneciese
el día de hoy,
tan parecido
pero
¡tan diferente en luces y en aroma!

Por eso mismo,
porque es como os digo,
dejadme que os hable
de ayer, una vez más
de ayer: el día
incomparable que ya nadie nunca
volverá a ver jamás sobre la tierra.

miércoles, 12 de marzo de 2014

Eilean Donan, Escocia

Cuando Talo me enseñó esta foto me quedé maravillada.
Con ella, se inicia una colaboración que sin duda enriquecerá este rincón.
Gracias Talo

domingo, 9 de marzo de 2014

Blake Shelton - Ol'Red


Ol'Red

Well I caught my wife with another man
And it cost me ninety nine
On a prison farm in Georgia
Close to the Florida line
Well I'd been here for two long years
I finally made the warden my friend
And so he sentenced me to a life of ease
Taking care of Ol Red

Now Ol' Red he's the damnedest dog that I've ever seen
Got a nose that can smell a two day trail
He's a four legged tracking machine
You can consider yourself mighty lucky
To get past the gators and the quicksand beds
But all these years that I've been here
Ain't nobody got past Red

[chorus]
And the warden sang
Come on somebody
Why don't you run
Ol' Red's itchin' to have a little fun
Get my lantern
Get my gun
Red'll have you treed before the mornin' comes

Well I paid off the guard and I slipped out a letter
To my cousin up in Tennessee
Oh and he brought down a blue tick hound
She was pretty as she could be
Well they penned her up in the swampland
'Bout a mile just south of the gate
And I'd take Ol' Red for his evening run
I'd just drop him off and wait

[Repeat chorus]

Now Ol' Red got real used to seeing
His lady every night
And so I kept him away for three or four days
And waited till the time got right
Well I made my run with the evenin' sun
And I smiled when I heard 'em let Red out
'Cause I was headed north to Tennessee
And Ol' Red was headed south

[Repeat chorus]

Now there's red haired blue ticks all in the South
Love got me in here and love got me out

El poder del Perro - Don Winslow

Le escribió largas y apasionadas cartas desde México en las que nunca hablaba de lo que hacía. Porque no hago nada, le escribía.
Nada de nada, salvo compadecerme de mí mismo.
Pues mueve el culo y haz algo, escribió ella. O déjalo y vuelve a casa conmigo. Sé que papá podría conseguirte un empleo en el equipo de un senador de un día para otro, solo tienes que decirlo.
Art no dijo ni pío.
Lo que hizo fue mover el culo e ir a ver a un santo.
Todo el mundo en Sinaloa conoce la leyenda de san Jesús Malverde. Era un bandido, un atracador osado, un hombre de los pobres que entregaba el botín a los pobres, un Robin Hood de Sinaloa. Se le acabó la suerte en 1909 y los federales le ahorcaron justo al otro lado de la calle donde se alza ahora su altar.
El altar fue espontáneo. Primero algunas flores, después una foto, después un pequeño edificio de tablas toscamente unidas, que los pobres erigían por la noche. Hasta la policía tenía miedo de derribarlo porque la leyenda afirmaba que el alma de Malverde moraba en el altar. Que si ibas a rezar, encendías una vela y hacías una manda, una promesa devota, Jesús Malverde concedía favores.
Depararte una buena cosecha, protegerte de tus enemigos, curar tus enfermedades.
Notas de gratitud detallando los favores concedidos por Malverde están clavadas en las paredes: un niño enfermo curado, dinero del alquiler reaparecido como por arte de magia, un detenido fugado, una sentencia de culpabilidad revocada, un mojado regresado sano y salvo del norte, un asesinato evitado, un asesinato vengado.
Art fue al altar. Imaginaba que era un buen lugar donde empezar. Fue a pie desde su hotel, esperó pacientemente en la cola con los demás peregrinos y entró por fin.
Estaba acostumbrado a los santos. Su piadosa madre le había arrastrado hasta Nuestra Señora de Guadalupe, en Barrio Logan, donde asistió a clases de catecismo, le confirmaron y tomó la primera comunión. Había rezado a los santos, encendido velas ante estatuas de santos, mirado cuadros de santos.
De hecho, Art fue un católico devoto incluso durante la carrera. Al principio, en Vietnam, comulgaba con regularidad, pero su devoción se desvaneció y dejó de ir a confesarse. Era algo así como: Perdóneme, padre, porque he pecado, perdóneme, padre, porque he pecado. Perdóneme, padre, porque he... A la mierda, ¿de qué sirve? Cada día señalo a hombres para que los maten, una semana sí y otra también los mato yo mismo. No voy a venir para decirle que no voy a volver a hacerlo, cuando se repite con tanta regularidad como una misa.
Sal Scachi, un tipo de las Fuerzas Especiales, iba a misa todos los domingos que no iba a matar a nadie. Art se asombraba de que la hipocresía no le afectara. Incluso hablaron de ello una noche de borrachera, Art y aquel tío tan italiano de Nueva York.
—A mí no me molesta —dijo Scachi—. A ti tampoco debería molestarte. El Vietcong no cree en Dios, así que les den por el culo.
Se enzarzaron en una furiosa discusión, en la que Art quedó horrorizado al descubrir que Scachi estaba convencido de que estaban «haciendo el trabajo de Dios» cuando asesinaban a los vietcongs. Los comunistas son ateos, repetía Scachi, que quieren destruir la Iglesia. Lo que estamos haciendo, explicó, es defender la Iglesia, y eso no es un pecado, sino un deber.
Buscó debajo de la camisa y enseñó a Art la medalla de san Antonio que llevaba colgada alrededor del cuello con una cadena.
—El santo me protege —explicó—. Deberías conseguir una.
Art no lo hizo.
Ahora, en Culiacán, se levantó y miró los ojos de obsidiana de san Jesús Malverde. La piel de yeso del santo era blanca, y su bigote negro, y habían pintado alrededor de su cuello un chillón círculo rojo para recordar al peregrino que el santo había padecido martirio, como todos los santos.
San Jesús murió por nuestros pecados.
—Bien —dijo Art a la estatua—, hagas lo que hagas, está funcionando, y lo que yo hago no, así que...
Art hizo una manda. Se arrodilló, encendió una vela y dejó un billete de veinte dólares. Qué coño.
—Ayúdame a bajarte, san Jesús —susurró—, y habrá más como este. Daré el dinero a los pobres.
Cuando volvía al hotel del altar, Art conoció a Adán Barrera.

martes, 23 de julio de 2013

Entre geranios, la roca

RIVERSIDE - Reality Dream HD [Full Concert]

Con el agua al cuello - Petros Márkaris

Las declaraciones y los comentarios de los periodistas son el aperitivo. El plato fuerte del noticiario es la crisis económica y las interminables conversaciones con representantes de los partidos y de los sindicatos con varios expertos en el tema. Pero, a fuerza de repetir noche tras noche, el plato fuerte va convirtiéndose en rancho de cuartel. La cena que nos ofrecen hoy, sin embargo, no es plato fuerte ni rancho. Es un auténtico manjar. -Y ahora, señores telespectadores, tendrán la oportunidad de asistir a una reveladora entrevista con el señor Henrik de Moor. El señor De Moor es uno de los altos cargos de la agencia de calificación Wallace and Cheney y se encuentra en nuestro país para reunir datos acerca de la evolución de la economía Griega. Me gustaría recordar que la agencia Wallace and Cheney fue de las primeras en describir los bonos griegos como"basura", es decir, papel mojado. (...) De Moor la mira con una simpática sonrisa. -En primer lugar, a diferencia de lo que se dice actualmente en todo el mundo, tomar dinero prestado no es malo, señora Berketi. -El hombre habla en inglés y yo tengo que leer los subtítulos para enterarme de lo que dice-. El que recibe un préstamo puede financiar su empresa, su negocio o su país con el dinero de otros. Y los que prestan el dinero obtienen un beneficio por ello. Es una transacción saludable. El problema surge cuando el que ha tomado dinero prestado no puede devolverlo. Grecia se encuentra actualmente en esa situación y es aquí donde intervenimos nosotros. Advertimos a los inversores: "Cuidado, si prestan dinero a este empresario o a este país,el riesgo de no recuperar su inversión es demasiado grande". Es lo que decimos de Grecia. Si los inversores compran bonos griegos, el riesgo de que Grecia no sea capaz de hacer frente a sus deudas es considerable, según los datos de los que disponemos. -Grecia, sin embargo, tras las presiones del Fondo Monetario Internacional y de la Unión Europea, ha tomado ya medidas muy duras -interviene el comentarista-, medidas dolorosas para la sociedad del bienestar griega. De Moor le dirige una mirada irónica. -¿La sociedad del bienestar? -repite entre risas-. ¿Qué sociedad del bienestar? Europa descubrió la sociedad del bienestar después de la segunda guerra mundial bajo la influencia de los países comunistas. Éstos hablaban continuamente de esa sociedad y Europa occidental adoptó la idea para contener el avance del comunismo. Las sociedades del bienestar se vinieron abajo en 1989, señor Galanópulos, y créame, no se ha perdido nada. -Prosigue con gravedad-: Las sociedades del bienestar no existen, señor Galanópulos. Sólo existen los grupos de presión. Empresarios que luchan por los suyos a través de los sindicatos y de otras organizaciones... Sólo existen grupos que defienden sus intereses. La sociedad a la que usted alude es un invento. -Esto no cambia en nada el hecho de que los más débiles carguen con el peso de las medidas. -Disculpe, pero a mí me parece lógico que los que más invierten, los que crean empresas y los que generan puestos de trabajo obtengan mayores beneficios y privilegios. Nos guste o no, son los poderosos los que impulsan la sociedad y los débiles les siguen. Si faltase el impulso, los débiles serían los primeros en hundirse. Y, de acuerdo, es justo que los que ganen más dinero paguen más impuestos. Pero ustedes no tienen mecanismos para recaudar impuestos. Por un lado, quieren que los que más producen y ganan inviertan sus ganancias en beneficio de los pobres, cosa que es injusta. Por el otro, no son capaces de cobrarles impuestos a los más ricos, que sí sería justo. Para concluir diré que uno de los factores que provocaron el desmoronamiento de su país es su incapacidad para asentar sobre unas bases sólidas las relaciones entre los distintos grupos sociales. -Nos hundiremos sin remedio -comenta Adrianí. -¿Por qué? -le digo. -Nosotros nos pasamos el día haciendo preguntas y él ya tiene una respuesta para todo. Cuando tú te haces preguntas y el otro ya tiene las respuestas, no hay escapatoria: te hundes. -Pasemos a otro tema -dice Berketi, la presentadora-. ¿Cómo ve ahora a Grecia, una vez adoptadas las medidas de ajuste? -Para serle sincero, dudaba mucho de que su gobierno se atreviera a tomar medidas tan duras. Pero lo hizo y está en el buen camino. -¿Cree que nos salvaremos? -interviene el comentarista. De Moor sonríe de nuevo. - No es fácil contestar a esto. Verá, Grecia es como una piedra que cae en el agua: mientras se hunde genera ondas. La primera onda abarca a los países del sur de Europa. Si éstos no se hunden también, Grecia tendrá más posibilidades de salvarse. La segunda onda, más amplia que la primera, abarca a Europa entera, que tiene una moneda común pero carece de una política económica general y se rige por políticas nacionales diferentes y contradictorias. Por eso le he dicho, señor Galanópulos, que la sociedad a la que usted alude no existe. Si existiera, sería la Unión Europea. Sin embargo, en Europa, como en Grecia, sólo existen grupos e intereses en conflicto, aunque utilicen la misma moneda. En consecuencia, corren el riego de cobrar todos con la misma moneda: la bancarrota. -"A otros salvó, a sí mismo no se puede salvar." -Adrianí acaba de soltar una de sus insuperables sentencias, lo cual me confirma que, definitivamente, se ha recuperado. La entrevista concluye con sonrisas y agradecimientos por parte de la presentadora y del comentarista. Me dispongo a irme a dormir cuando suena el móvil y reconozco en la pantalla el número de Zisis. -¿Cómo es que llamas tan tarde? -pregunto, preocupado. Suele telefonearme al despacho por la mañana o a primera hora de la tarde. -Quería preguntarte cuándo podré conocer al que mató a los dos banqueros? No sé si me toma el pelo o si es que se ha vuelto tarumba, por lo que le pregunto con cautela: -¿Para qué quieres conocerlo? -Para estamparle un par de besos. -Todavía no sabemos si fue él. -Vale, esperaré a que se cargue también al que acaba de salir por televisión y le besaré por los tres asesinatos juntos. -¿Por qué crees que va a matarle? -Porque, con las cosas que dice, es para matarle. (Págs.127-130) Nota: La novela fue publicada en 2010.

miércoles, 11 de mayo de 2011

The Remains of the Day- Kazuo Ishiguro

Es cierto que la noche en que miss Kenton entró allí no estaba ocupado en ningún asunto de trabajo. Fue de hecho durante una semana tranquila, al final del día, mientras disfrutaba de unas de mis pocas horas de ocio. Como he dicho, no estoy seguro de que Miss Kenton entrara con el jarrón de flores, pero sí recuerdo que me dijo: 
- Mister Stevens, de noche esta despensa parece aún más incómoda que de día. Tiene usted una bombilla muy lúgugre, sobre todo para estar leyendo.
-La luz es perfecta, miss Kenton.
-Se lo digo en serio. Este cuarto parece una celda. Sólo falta un catre ahí, en esa esquina para que uno se imagine a un condenado en sus últimas horas de vida.
Ahora no sé si yo, a mi vez, repliqué algo. En cualquier caso, no aparté la mirada de mi libro y esperé a ver si miss Kenton se disculpaba y se marchaba. Pero entonces la oí decir:
-Me pregunto que estará usted leyendo.
-No es más que un libro, miss Kenton.
-Eso ya lo veo. Lo que me intriga es qué libro.
Levanté la mirada cuando vi que miss Kenton se me acercaba. Cerré el libro y, apretándolo contra el pecho, me levanté.
-Miss Kenton -dije-, le ruego que respete mis momentos de intimidad.
-Pero...¿por qué le da tanta vergüenza enseñarme el libro? Empiezo a sospechar que se trata de un libro algo picante.
-Miss Kenton, me sorprende que sea capaz de pensar que en las estanterías de mi señor pueda haber libros 'picantes', como usted dice.
-He oído decir que muchos libros de autores eruditos contienen pasajes de lo más picantes. Claro que yo, personalmente, nunca he tenido el valor de comprobarlo. Pero permítame, por favor, que vea lo qué está leyendo.
-Miss Kenton, le ruego que me deje tranquilo. Es increible que insista en acosarme de este modo durante los pocos ratos libres de que dispongo.
Miss Kenton, sin embargo, siguió acercándose, y debo reconocer que me costaba decidir cuál podía ser el mejor modo de proceder. Por un momento tuve la tentación de meter el libro en el cajón de mi escritorio y cerrarlo rápidamente con llave, pero me pareció que podía resultar absurdo y un tanto teatral. Retrocedí entonces unos pasos con el libro todavía pegado al pecho.(Págs.172-173)




P.S.: La traducción del título al español me parece horrosa por eso, a pesar de haberlo leído en este idioma, he optado por mantener el título original de la novela.

Leonid Afremov (1955) - Downpour

Óleo sobre lienzo (paleta), Neoimpresionismo

martes, 26 de abril de 2011

El Corazón Helado - Almudena Grandes

   -Toma -saqué el paquete de la bolsa y lo puse encima de la mesa.
   -¿Para mí? -lo miró, lo cogió, lo volvió a mirar, se lo llevó al oído, lo agitó para ver si sonaba, y me miró con los ojos brillantes-. ¿Qué es, un regalo?
   -Sí, y no sólo eso... Es lo mismo que tú, casi una metáfora, un símbolo que te define.
   Frunció las cejas para mirarme, deshizo el envoltorio con cuidado y levantó en el aire una caja de cartón cuyo aspecto la había decepcionado.
   -¿Esto soy yo? -me preguntó-. ¿Un juego de mesa?
   -No es un juego de mesa -le expliqué, quitándole la caja de entre las manos-. No me seas economista, Raquel...
   Desembalé el contenido de la caja y puse sobre la mesa la base, redonda, de plástico negro, con dos ranuras en las que introduje otras dos piezas laterales, transparentes, como paredes de metracilato con un orificio abierto en la parte superior, antes de sacar el elemento principal. El péndulo exterior estaba atravesado en sentido vertical por una pieza ovalada, de metal, que contenía el péndulo interior, un vástago con dos bolas de plástico, una negra y otra roja, que giraban libremente. Unas barritas horizontales, rematadas con una bola, sobresalían a ambos lados del óvalo metálico un par de centímetros por debajo de su centro de gravedad. Las encajé en los orificios de las piezas de metacrilato, que entonces revelaron su función de soporte, y el doble péndulo se sostuvo en el aire. Raquel lo miraba con curiosidad.
   Aquí, en este aparato que tú has calificado con tanta ligereza como un juego de mesa, hay dos péndulos, ¿los ves? -se los señalé manteniéndolos sujetos con la mano, para no revelar su condición antes de tiempo-. El exterior es un péndulo común, que gira adelante y atrás, adelante y atrás, adelante y atrás, siempre igual, sin cambiar jamás. El interior, en cambio, es un péndulo caótico, igual que tú -activé el primer péndulo y esperé unos segundos, hasta que la enloquecida naturaleza del segundo se hizo evidente, para que el entusiasmo volviera a incendiar los ojos de Raquel con una luz candorosa e inocente, casi infantil-. Es imposible adivinar la dirección en la que va a oscilar en cada momento, lo estás viendo, ¿no? Se acelera, se desacelera. se queda quieto, reemprende el movimiento, gira sobre sí mismo, primero deprisa, luego despacio, invierte la dirección, parece dudar, arrepentirse, decidirse, burlarse de nosotros... Es impredecible, incontrolable. indescifrable, fascinante, porque nunca es igual, astuto porque obedece a un imán, misterioso, porque nunca lo habrías adivinado si yo no te lo acabara de decir, divertido, brillante, insólito. irresistible, en fin... Es igual que tú.
   Detuvo el péndulo con sus dedos para volver a ponerlo en marcha inmediatamente después, y sonrió. Luego miró al fondo de mis ojos desde un lugar que estaba más allá del fondo de los suyos.
   -¿Yo soy todas esas cosas?
   -Y más -contesté, enganchado a aquella mirada-. Se me ha olvidado decir que provoca una adición insaciable. Como el mar. Como el fuego. Es imposible cansarse de mirarlo.
[...]
   -Esto es una locura... -murmuró entonces, antes de coger la carta y devolver su voz al volumen normal-. ¿Quieres que compartamos algo?
   -Sí -hice una pausa y esperé a que me interrogara con los ojos-. Una locura. (Págs. 328-329)

viernes, 22 de abril de 2011

Antonio Machado (1875-1939) - He andado muchos caminos

He andado muchos caminos
he abierto muchas veredas;
he navegado en cien mares
y atracado en cien riberas.

En todas partes he visto
caravanas de tristeza,
soberbios y melancólicos
borrachos de sombra negra.

Y pedantones al paño
que miran, callan y piensan
que saben, porque no beben
el vino de las tabernas.

Mala gente que camina
y va apestando la tierra...

Y en todas partes he visto
gentes que danzan o juegan,
cuando pueden, y laboran
sus cuatro palmos de tierra.

Nunca, si llegan a un sitio
preguntan a donde llegan.
Cuando caminan, cabalgan
a lomos de mula vieja.

Y no conocen la prisa
ni aún en los días de fiesta.
Donde hay vino, beben vino,
donde no hay vino, agua fresca.

Son buenas gentes que viven,
laboran, pasan y sueñan,
y un día como tantos,
descansan bajo la tierra.

Gymnopedie: Satie y Café del Mar

jueves, 14 de abril de 2011

La Haute Cuisine et le plaisir de vivre

   Hay veces en que las cosas salen aún mejor de lo previsto. Esas veces te hacen sentir aún más viva y te sientes reconciliada con la vida, el mundo y el tiempo.
   El cielo es más azul, los pinos más verdes, la atmósfera más limpia y tu amiga más amiga. El futuro se predice como el actual presente: sorprendente y perfecto.
   Mi amistad con J. se remonta a hace veintitrés años, el año en que coincidimos en nuestro destino laboral. Desde entonces, aunque no hemos vuelto a coincidir en el trabajo, sí hemos seguido cultivando una estrecha relación; salpicada ,eso sí, por períodos de ausencias, que no de olvidos. Hace ya bastantes años, y visto que nuestras vidas corrían paralelas, que no pegadas, tomamos la decisión en firme, de comer juntas al menos tres veces al año. Sin desdeñar otros posibles encuentros que pudieran 'surgir'. La comunicación telefónica y la confianza que nos tenemos, daba lo bastante de sí, como para irnos manteniendo al corriente de los avatares de nuestras vidas: nuestras familias y nuestro trabajo.
   Siguiendo la tradición un día la llamé y quedamos para comer un viernes. Ese día ella terminaba pronto y yo la recogería al salir de una revisión médica que tenía pendiente.
   Unas horas después a esa llamada quiso la casualidad que me dedicara distraídamente a hojear los folletos que inundan el buzón de casa. Entre ellos, había uno que hablaba de la muestra de cocina que el municipio suele organizar cada año por estas fechas. Por motivos que no vienen a cuento me interesó, y me dediqué a comprobar, que la iniciativa a lo largo de estos años, ha cuajado; y que además de calar ha proliferado.
   En esos pensamientos andaba yo, cuando me fijé en las fechas y las zonas correspondientes; pues mi municipio es uno de los más grandes de la isla e incluye unas cuantas. 'La mostra de cuines' se extendía a lo largo del mes de Abril, en concreto los viernes. Ahí mi cerebro hizo 'tilín' y pensó ¿viernes? ¿Abril? ¿comer? Miré con atención y ¡oh, albricias! el viernes en que había quedado para comer con J. coincidía con el que correspondía a mi zona. Miro los restaurantes que se unen a la muestra, miro los tenedores, miro los precios... Dos y tres tenedores, diez y quince euros respectivamente. Conclusión: ¡hay que aprovechar!
   El día de marras, metí el folleto en el coche, con la intención de proponérselo a J. y convencerla. A partir de ahí todo vino rodado, no hubo que convencerla de nada porque le pareció estupendo, no sólo la iniciativa de ir a la Mostra, sino al lugar concreto que yo había pensado. Un restaurante que se encuentra en el interior de un hotelito de cuatro estrellas, al lado de casa, y por el que sentía yo, desde hace años, una curiosidad muy curiosa por conocer. Dícen que la ocasión la pintan calva -no sé por qué- así que bueno, me adentré en tan buena compañía con mi flamante coche por las barreras que siempre había visto desde fuera, por el empedrado que conducía al centro neurálgico del 'Resort'- pues esa es la denominación que le dan-. Aparqué mi coche, y allá que nos fuimos las dos, campeonas del mundo mundial, dispuestas a comernos un menú de lujo, en un entorno de lujo, por un precio envidiable.
¿El restaurante, por favor?
Sigan hacia el fondo y las primeras puertas a la derecha.
Entramos y esperamos a que acuda alguien. Se acerca una camarera.
Hola, somos dos.
¿Tenían mesa reservada?
No.
Esperen, por favor.
Consulta con alguien y vuelve en breves momentos.
Síganme... Pueden escoger mesa.
   Nos ha llevado hasta una terracita, donde varias mesas estan ya ocupadas. El sol cae de lleno, pero los parasoles se ocupan de hacerle frente. Escogemos una mesa en una esquina, alejada de los demás comensales, con vistas inmejorables a los impecables jardines y piscina. La comida apunta maneras.
    Se nos debe ver cara de menú, porque en ningún momento la camarera que nos va a servir nos ofrece la carta. No importa, porque esa es la verdad: venimos por el menú. Aún asi el trato por su parte es más que atento y cordial.
   En las siguientes dos horas nos dedicamos a parlotear por los codos, a reír y comer. Sabiéndonos privilegiadas de estar juntas aquí y ahora. Y con el móvil hago fotos, muchas fotos. Tambien la camarera, a mi petición, nos hace un par de ellas; tomándose su tiempo y cambiándo el ángulo del enfoque. Es momento de aprovechar la vida, de sorberla; las tres lo sabemos. Ahora estamos aqui, mañana no. Tal vez en un futuro, no próximo desde luego, el sol, el verdor, el sosiego, el menú y el lugar vuelvan a conjugarse con nostras. Tal vez.
   Mientras perezosamente se desliza el tiempo vamos poniéndole fin a la comida con un café. Concretamos proyectos conjuntos: una escapada a Madrid. 'Los Miserables', 'El Prado', su hijo, la mía, habitación doble, Mercado de San Miguel, palabras que van trasformando deseos y sueños en verbos, mientras ponemos el colofón a un yantar celestial.

P.S.: Primero: Espuma de almendra con cannelloni crujiente de queso de cabra.
        Segundo: Lomo de ternera blanca glaseada con estragón, alcachofas, setas y ñoquis de olivas.
        Postre: Lasaña de chocolate con frutas al ron.
        Bebida: Copa de vino tinto o blanco y agua.

domingo, 10 de abril de 2011

'Cosecha de 2011'

 Tenéis tres oportunidades para encontrar el pajarito.

Estas fotografías narran la historia de como el pajarillo recien salido del nido se decidió a explorar el mundo.
Un atardecer mientras estaba en el salón me sobresalté al notar un golpe repetitivo en la ventana. No pude evitar sonreir al ver que se trataba de un alevín curioso que picoteaba el cristal. La cosa no hubiera pasado de ahí de no ser porque durante ¡20 minutos! se dedicó a hacer lo mismo, una y otra vez: volaba desde una jardinera que hay a un metro picote-aleteaba en el cristal de la ventana y volvía a la jardinera. Al día siguiente la historia se repitió, pero esta vez, también se atrevía con las cristaleras correderas que dan al porche. Volaba desde el respaldo de una silla hasta el cristal, de nuevo, una y otra vez. Así ha sido durante unos días, cuatro o cinco. El día que tomé las fotos que he colgado arriba, estaba cocinando cuando me sentí de nuevo 'acompañada', picoteaba los cristales de la cocina y, aunque encontró especial placer en hacerlo con las puertas del salón volando infinidad de veces entre las sillas y el cristal, no dejó de hacerlo en todas las puertas y ventanas de esa planta. ¿Aprendía a volar? ¿Aprendía a sostenerse quieto en pleno vuelo? ¿Aprendía a reconocer la barrera del cristal que como un espejo reflejaba la naturaleza que le rodea? Ya hace un par de días que no viene, pero al oír el trino de los pájaros mientras escribo, doy por hecho que entre ellos está él ,que ya preparado se maneja más libre en su mundo y entre sus iguales.

***
PAJARITO

Pajarito caído del nido
a un patio adornado
con retazos del pasado…

Fuente de piedra
arriates jocosos,
columnas inhiestas,
paredes de hiedras..

Miguitas de pan,
agua de rocío,
piar de madre,
pasan los ángeles,
llamadas desde el cielo...

Un canalón que compartir,
con la boca a ras de suelo
refugio de telas zurcidas,
con hilos de esperanza,
arropan temores,
en la distancia…

Pasos que entran y salen
figuras que traspasan,
a este lado de la estancia..
y calidez traen..en el semblante.

Charquitos en el suelo
de la lluvia que arremete,
a la intemperie…
de todas las criaturas,
que en Primavera crecen..

Agua que corre libre
por el grifo abierto
flores que nacen
colores en realce,
alegría en mi vida..
¡por fin vuelo!

Saltitos de cachorro
alitas de terciopelo
piquito de oro,..
besos de caramelo..

A las cristaleras
miro de reojo..
reflejo de dioses,
adornando los cielos..

Envidia de los que cruzan
camino de los llanos,
remozados de los verdes…
a Gea entregados..

-¿Madre cuando iremos
más allá de este mundo?
-Cuando los Soles anuncien….
que ya no tienes dueño…
cuando tu alma al fin…
levante el vuelo…

Galatea Santos
Enero de 2011