domingo, 1 de julio de 2007

El Paño de Cocina


Llega el momento de abrir regalos. Mi madre me ofrece la bolsa, dentro está el paquete. Meto la mano con ilusión y tropiezo con algo inesperado:¡otro paquete! Se lo comento: eso si que no me lo esperaba. Ella replica: no es mío, es de una chica llamada Mari Cruz. ¿Mari Cruz?, interrogo. Si mujer, fue compañera tuya en el colegio. Me esfuerzo, intento hacer memoria.¿Mari Cruz...? No, no lo consigo. Aclara, cuando le pedí que me envolviera el regalo me preguntó si quería poner el nombre, se lo dije:P. Abrió los ojos y dijo ¿P.C? ¡Oh! ¡La conozco! ¡Fuimos compañeras de pequeñas! Sigo preguntándome ¿Mari Cruz? Sigue la explicación, me cuenta que eráis tres, siempre ibáis juntas; estuvo en casa: me la describió. ¿Cómo puede ser?Sólo cumplo 47 ¿Dónde estan mis recuerdos?¿Por qué no he conseguido una llave de oro y los he atesorado cómo lo que son?Me digo: Mari Cruz...Hay por ahí una foto amarillenta, de orillas dentadas, pequeña. Un corro de niñas sentadas en la arena, una en el medio, cantando, con un ojo guiñado y los brazos separados del cuerpo extendidos hacia el suelo, las palmas abiertas: soy yo, cantando. Mari Cruz seguro está en ese corro. O tal vez aquel día no vino a la excursión... ¿Qué cara tenia?¿Quién es ahora Mari Cruz? ¿Qué le impulsó a hacerme un regalo cuarenta años después? Seas quien seas, gracias. Qué buen recuerdo atesoras de mí cuando yo en la distancia ni siquiera recuerdo quién fuiste.

La Hermana - Sándor Márai



Yo llamaba "cita química" a aquel cuarto de hora que tenía un significado secreto-sólo conocido por los dos médicos, la enfermera y yo-, y es que realmente semejaba un especie de cita. Esperaba la hora nocturna como un enamorado espera el momento de encuentro. La simple expectativa de aquel instante aliviaba el dolor y el tedio de las horas previas. Durante el día, cuando tenía más poder que yo, el dolor se me echaba encima con una pasión visceral, como una amante despechada y cruel, amargándome la existencia con refinados tormentos. Me quemaba los dedos, al igual que hacen los verdugos que torturan al preso clavándole agujas candentes bajo las uñas. Pero incluso en los momentos de mayor saña, siempre avizoraba la lejana esperanza de un poder terrenal capaz de esposar durante unas horas al despiadado verdugo. Vivía esperando la noche, y la luz del día se apagaba lentamente en aquella maravillosa espera.

La cita química se iniciaba hacia medianoche. Yo esperaba el momento, alargaba y extendía su llegada, urdía estrategias utilizando a mi favor el tiempo y el dolor. Hacia medianoche, cuando los cientos de desdichados que habitaban aquel enorme edificio se habían sumido en una apatía fatigada y un sueño agitado, yo extendía la mano tanteando y pulsaba el timbre. Seguían entonces unos minutos de expectación. El corazón se me desbocaba, igual que el del enamorado que, agazapado en la oscuridad, aguarda la llegada de su amante secreta. En la habitación sólo permanecía encendida una lámpara de luz azulada. Y la cama, que unos minutos antes había sido un infierno lleno de ascuas de dolor, se transformaba en un tálamo, el escenario de la aventura que se avecinaba...Todo ello tenía algo de excitante que encendía el cuerpo y el alma, pero también algo de indecente e inmoral. Y, en efecto, al cabo de un rato se oía por el pasillo el sonido apagado de pasos recatados, pasos de mujer que se dirigían hacia mi habitación, pasos sigilosos y complices, propios de las mujeres que a altas horas de la noche, se precipitan al lecho de un hombre para llevarle la felicidad, olvido, reconcialiación, consuelo o amor... Y en esos instantes me daba igual en qué forma esos pasos me trajeran la felicidad: como amante que acude a una cita clandestina o como sustancia química. Sin duda aquello tenía todos los ingredientes de una cita: la hora nocturna, la soledad expectante, la cama, el deseo, la penumbra, todos los sufrimientos de la existencia que se diluirían en el tierno abrazo de unos brazos inmateriales. La puerta se abría, casi sin ruido, cómo sólo saben abrirla las mujeres que llegan a horas intempestivas, para dar paso a una de aquellas figuras blancas y negras, sonriente, empuñando una pequeña jeringuilla y hablando en susurros...Era el instante culminante. Era la cita química. ¿Qué significaba para mi todo eso?...La satisfacción de que la ciencia y la solicitud humana eran capaces de imponerse-aunque sólo fuera por unas horas- a los tormentos bestiales de la naturaleza. El presentimiento de que sucedería algo dulce e infinitamente placentero para el cuerpo torturado, que tras el padecimiento llegaría una especie de felicidad, y que no había que temerle aunque estuviera su precio. La seguridad de que una fuerza superior al dolor me sacaría con manos tiernas y seguras de los abismos infernales para colocarme en otra dimensión de la existencia, donde me recibiría una suave música, una paz celestial y una armonía perfectamente estructurada. Era una cita de esperanza y emoción, de felicidad y remordimiento, de todo lo que excita el corazón humano desde el principio de su existencia. Hablábamos en voz baja, la visitante nocturna y yo, que la recibía embargado por la expectación. Ella me ponía la inyección y luego, con voz apagada, casi un suspiro, me deseaba las buenas noches, salía sin hacer ruido y apagaba la luz.

martes, 26 de junio de 2007

lunes, 25 de junio de 2007

El Turco (La máquina de ajedrez - Robert Löhr)


En la segunda mitad del S. XVIII Wolfgang von Kempelen se propusó asombrar a la corte austrohúngara. Avanzando más allá del mundo de los autómatas -muy de moda en aquel entonces- creó una máquina pensante, un ajedrecista: El Turco.
El Turco consiguió deslumbrar no sólo a la emperatriz Maria Teresa de Austria y su corte, en el palacio de Schönbrunn, si no que se enfrentó al emperador José II, a la zarina Catalina II de Rusia e incluso a Napoleón Bonaparte, quien llegó a barrer el tablero al perder consecutivamente tres partidas. También Edgar Allan Poe se le enfrentó, inspirando posteriormente algunos de sus relatos.
El Turco, que cambió de manos en varias ocasiones, terminó exhibiendose en el museo Chino de Philadelphia, hasta que fue destruido en un incendio en 1854. Tenía a la sazón 84 años y había sobrevivido cincuenta años a Kempelen, su creador.
La Novela LA MÁQUINA DE AJEDREZ de Robert Löhr desgrana con gran pericia la historia de El Turco y cómo la mitad de Europa sucumbió a sus encantos.

sábado, 23 de junio de 2007

Jacobo Sureda (1901-1935)



Un copo de nieve desciende
Columpio, paracaídas de un alma
Que regresa a la tierra
dulcemente

***

Un árbol desnudo
Vienen las estrellas
Le visten de hojas
El alba las seca.

***

La luna en el árbol
Posada es araña
Que en las ramas caza
Como en red, estrellas.

miércoles, 20 de junio de 2007

Déjame que me duerma

Déjame que me duerma

aquí en la orilla, en la noche

serena.

Déjame que me duerma en la arena,

sirena

no me inquietes, no me atraigas

coqueta

déjame que me duerma, en el vacío

completa

déjame que el tiempo, me alienta

despierta

no me cantes, no me arrulles

me desvelas.

martes, 19 de junio de 2007

Pain - Blackfield



Here I'm standing on the seashore

She is gone, now she's gone

All the angels praying for me

As I fall, as I fall

While I'm melting in the rain,

deep in pain, she is so far

Will we ever meet again

as friends, after so long?

To the nightmare with the devil

I'll go strong, I'll go strong

All my friends now try to save me

What a joke, what a joke

While I'm melting in the rain,

deep in pain, she is so far

Will we ever meet again

as friends, after so long?


martes, 5 de junio de 2007

Antes de que Hiele - Henning Mankell


Hacía ya muchos años, se le había ocurrido pensar que aquello a lo que se dedicaba era algo muy distinto de lo que ella pretendía en realidad: no era indicio de fortaleza, sino de debilidad, un sarpullido provocado por una especie de amargura que se ocultaba en su interior sin que ella supiera por qué.


Esta Historia - Alessandro Baricco

*** Sombra de Oro ***

- Ese chiquillo tiene algo.
- ¿Quién, Último?
- Sí.
- No tiene nada.
- Sí, tiene algo.

Libero Perri levantó los ojos hacia el cielo, incómodo, como alguien al que han pillado haciendo trampas con las cartas.

- No tiene nada, lo único es que... Es que tiene la sombra de oro, eso es todo.
- ¿Y eso qué quiere decir?
- No sé..., son distintos, y la gente los reconoce. A la gente le gustan los que tienen la sombra de oro.

El conde no parecía muy convencido. Libero Parri aventuró una explicación.

- Es que él ya se ha muerto un par o tres de veces... Cuando era pequeño, siempre lo daban por difunto, pero él siempre se salía bien del paso. Quién sabe, a lo mejor son cosas que te cambian.

Al conde d'Ambrosio le vino a la cabeza la única mujer a la que había amado más que al tenis y que a los automóviles. Cuando uno entraba en una habitación llena de gente, podía sentir si ella estaba allí sin que fuera necesario verla o saber que se había quedado en casa. Y en el teatro no era necesario buscarla: era lo primero que veían sus ojos. No es que fuera muy hermosa. Y hasta era difícil averiguar si era de verdad, inteligente. Pero la luz estaba donde ella estuviera, y ella era el cuadro. Tenía sombra de oro, comprendió.

domingo, 3 de junio de 2007

No te salves - Mario Benedetti



No
no te quedes inmóvil
al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca
no te salves

no te llenes de calma
no reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo
no dejes caer los párpados
pesados como juicios
no te quedes sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo

pero si
pese a todo


no puedes evitarlo

y congelas el júbilo
y quieres con desgana
y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo
sólo un rincón tranquilo
y dejas caer los párpados
pesados como juicios
y te secas sin labios
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre
y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvil
al borde del camino
y te salvas
entonces
no te quedes conmigo

jueves, 31 de mayo de 2007

Al Norte la montaña, al Sur el lago, al Oeste el camino, al Este el río - László krasznahorkai

X

...Vientos diurnos y vientos nocturnos, vientos matutinos y vientos vespertinos, los que traían la nieve y los que traían el calor, los que llegaban con la primavera y los que llegaban con el otoño, los suaves y juguetones y los peligrosos y devastadores, miles y miles de millones repartidos en las doce provincias de la escala de Beaufort, y hasta podría haberse puesto uno a enumerarlos y sistematizarlos, pues había vientos dominantes y había ráfagas que se levantaban de repente, había vientos turbulentos y vientos moderados, había geostróficos y ciclónicos y anticiclónicos, y así transcurrieron en estos últimos mil años, yendo y viniendo por las doce provincias Beaufort, siguiéndose y persiguiéndose los unos a los otros, pues venían los alisios y los contralisios, venían los próximos al suelo y los de las alturas, venían las corrientes en chorro allá a distancias inalcanzables, mientras abajo soplaban los vientos marinos temidos o esperados, y vientos había también en tierra firme y en las cavernas, en los cauces de los ríos y en los jardines otoñales, por doquier en las más diversas variedades y direcciones y magnitudes, pero lo cierto es que, aun siendo innumerables e inclasificables, lo único que ocurría es que siempre estaban, incluso en los momentos de calma, y no estaban, pues cuando venían no venía nada y cuando se iban no quedaba nada, ni siquiera en plena calma chicha: invisibles a su llegada e invisibles a su marcha, nunca podían escapar a la definitiva invisibilidad, existían y no existían, se podía saber que estaban y dónde estaban, se veía cómo hacían temblar las hojas de los árboles, se veía cómo remolineaban un montón de hojas en una tormenta, se la percibía en el polvo que se levantaba y se arremolinaba, en la ventana que se cerraba de golpe,en la basura que empezaba a volar en la calle, se los oía susurrar y aullar y llorar y silbar y bramar y rugir y callar y convertirse en brisa, los notaba hasta la cara que sentía sus caricias y las plumas del jilguero que tiritaba en una rama, en una palabra, se veían en este mundo y se oían y se percibía su palabra, se veían en este mundo y se oían y se percibía su existencia y, sin embargo, no existían, pues todo apuntaba a ellos, los movimientos y los sonidos y los olores, pero no se podía mostrar que estaban, que eso de allí eran ellos, ya que su existencia siempre transcurría en el ámbito espectral de la mediación más profunda, ya que eran evidentes pero inalcanzables, ya que eran presentes pero inasibles, ya que, excluidos de la existencia, eran la existencia misma o, dicho de otro modo, coincidían con la existencia hasta el punto de identificarse con ella, y la existencia no se ve jamás, de modo y manera que estaban cuando no estaban y sólo dejaban el deseo de que volvieran o el temor de que llegaran, así como el recuerdo de que habían pasado, pero lo más doloroso - el nieto del príncipe Genji alzó entonces la vista al cielo-, lo más doloroso era que el que una vez había estado nunca más regresaría....

László krasznahorkai


miércoles, 30 de mayo de 2007

Adulterios- Tres Comedias en un Acto - Woody Allen

HAL: ¿Por qué un hombre se harta de su mujer? Porque con el paso del tiempo se establece entre ellos una confianza excesiva. La excitación disminuye. Siempre están juntos, por la casa. Se ven sin ropa. Ya no hay misterio. A esas alturas, incluso la secretaria le resulta más sexy, y no digamos la vecina.

JENNY: Eso no es realista.

HAL: ¿Y tú qué sabes? Ni siquiera estás bien escrita. Es muy realista, siempre ocurre. Te lo aseguro.

SANDY: ¿De verdad?

HAL: Lo que quiero decir es que en un matrimonio tiene que cultivarse la frescura, un matrimonio tiene que renovarse. De lo contrario, no hay música en la relación, y la música lo es todo.

SANDY: ¿Y si el marido se comporta al principio con romanticismo, pero poco a poco deja de prestar atención a su mujer y la mira como si fuera un mueble? Lo que era una relación llena de sorpresas imaginativas y encantadoras es ya sólo una vida en común rutinaria y repetitiva. Hay sexo, pero ya no se hace el amor.

HAL: Me cuesta creer que eso sea un conflicto verosímil.

SANDY: Pues a mí me parece que muchas mujeres se verían reflejadas en él.

HAL: Me parece demasiado estrafalario.

SHEILA: Creo que resulta un argumento muy convincente.

JENNY: Real y crudo como la vida misma.

SANDY: Exacto.

DAVID: ¿Y tú crees que una relación puede desvanecerse de la noche a la mañana?¿Incluso si se amaron en un momento dado de su vida?

MAX: Ésa es una de las tristes verdades de la existencia. En este mundo nada perdura. Hasta los personajes creados por el gran Shakespeare dejarán de existir dentro de millones de años, cuando el universo siga su curso y las luces se apaguen.

DAVID: ¡Santo Dios! Creo que voy a volver a ver a Tiger Woods. Al infierno con todo.

NORMAN: Es verdad . ¿Qué sentido tiene todo esto si el cosmos de desintegra y, al final, todo desaparece?

JENNY: Por eso es importante que nos quieran y abracen aquí y ahora, quienquiera que sea el que nos estreche entre sus brazos.

SHEILA: No intentes justificar que te tiras a mi marido por razones existenciales.

Woody Allen


Orquídea



Como procesión de mariposas

jueves, 24 de mayo de 2007

La Reina Oculta - Jorge Molist


Guillermo y Bruna descansaron en aquel prado a orillas del río, bajo la sombra de los sauces que les protegían del sol de agosto y con una luna cuarto creciente iluminando la noche.

Tenían los cuerpos maltrechos por golpes y tajos, pero lo que realmente dolía era el alma. El camino empezabaa a sus pies y en ninguna parte terminaba, por eso no se decidían a emprenderlo. Su espíritu, confundido, turbado, les prohibía continuar y lo crucial el día anterior había dejado de importar, mientras que lo secundario antes cobraba trascendencia vital. Tendidos en la hierba, veían el lento discurrir del río y con él las briznas y ramitas que arrojaban, deseando que en ellas sus penas navegaran hasta el lejano mar. El lugar se había convertido en un reducto solitario de paz, una isla en un océano de violencia, lejos del siglo, de un mundo extraño y brutal al que en aquel momento ninguno de los dos quería pertenecer.

Jorge Molist

martes, 22 de mayo de 2007



Blackfield II - This Killer


Don't leave the door ajar

Don't walk away

Don't leave me in the dark

You think you know me well

It makes me laugh

Cause I don't know myself

This killer on the run

He steals from me a song

He'll catch me off my guard

He likes me when I'm down

And when I'm sad

Fallen man

Fallen man

It's always me alone

That hears the noise

Cause it's my inner voice

So stay inside your hole

We'll hide away

BeforeI lose control

This killer on the run

He steals from me a song

He'll catch me off my guard

He likes me when I'm down

And when I'm sad

Fallen man

Fallen man

This killer on the run

He steals from me a song

And I can say I know him well

And so can he, because it's me

He is me

He is me

lunes, 23 de abril de 2007

23 de Abril - El Abanico de Seda


Recogimiento

Tengo toda una vida por contar; ya no tengo nada que perder y pocos a los que ofender.

Soy lo bastante mayor para conocer mis virtudes y mis defectos, que a menudo coinciden. Siempre he necesitado que me amaran. Desde niña he sabido que no me correspondía ser amada; aun así, ansiaba que quienes me rodeaban me expresaran su cariño, y ese deseo injustificado ha sido la causa de todos mis problemas. Soñaba que mi madre se fijaría en mí y que ella y el resto de mi familia acabarían queriéndome. Con objeto de ganarme su afecto prestaba siempre obediencia -la principal virtud de niñas y mujeres-, pero quizá me desvivía en exceso por hacer lo que me mandaban. Con la esperanza de obtener alguna muestra de cariño, por sencilla que fuera, intenté no defraudar las expectativas de mi familia- tener los pies más pequeños del condado-, de modo que dejé que me los vendaran para que, tras romperse, los huesos adquirieran una forma más hermosa.

Cuando creía que ya no soportaría ni un minuto más de dolor y las lágrimas caían sobre mis ensangrentados vendajes, mi madre me hablaba al oído animándome a aguantar una hora más, un día más, una semana más, y me recordaba las recompensas que obtendría si no desfallecía. Así fue como me enseñó a soportar no sólo el sufrimiento físico que comportaban el vendado de los pies y la maternidad, sino también el dolor, más tortuoso, del corazón, la mente y el alma. Asimismo me señalaba mis defectos y me enseñaba a utilizarlos de modo que me resultaran provechosos.

Los vendajes cambiaron no sólo la forma de mis pies, sino también mi carácter. Siento como si ese proceso hubiera continuado a lo largo de toda mi vida, convirtiendo a la niña complaciente en la niña decidida y, más tarde, a la joven que cumplía sin rechistar todo cuanto le ordenaba su familia política en la mujer de más alto rango del condado, que imponía estrictas normas y costumbres en el pueblo. Cuando tenía cuarenta años, la rigidez de mis vendajes había pasado de mis lotos dorados a mi corazón, y éste se aferraba con tanta fuerza a injusticias y agravios del pasado que no me permitía perdonar a los que quería y me querían.

Mi única rebelión llegó con el nu shu, la escritura secreta de las mujeres . Rompí por primera vez la tradición cuando Flor de Nieve _mi laotong, mi "alma gemela", mi compañera de escritura secreta_ me envió el abanico que ahora está encima de la mesa, volví a romperla después de conocerla. Pero, además de ser la laotong de Flor de Nieve, yo estaba decidida a ser una esposa honorable, una nuera digna de elogio y una madre escrupulosa. En los malos tiempos mi corazón era duro como el jade. Tenía el poder oculto que me permitía resistir tragedias y desgracias. Pero aquí estoy _la típica viuda, sentada en silencio, como dicta la tradición_, y ahora entiendo que estuve ciega muchos años.

Lisa See

martes, 10 de abril de 2007



Tulipanes



El Mercenario de Granada

-¿Y Boabdil?

-Boabdil se fue ayer a las tierras que le ha concedido Fernando, en el valle de la Purchena, con más de cien mulas cargadas de equipaje. Lo acompañaba su pequeña corte y su consejero Aben Comixa, el maldito de Alá. Antes desenterró los restos de los sultanes del cementerio real para inhumarlos en sus nuevas tierras. Ahora se ha visto la prudencia de Muley Hacén que, presintiendo lo que había de pasar en cuanto el reino estuviera en manos del hijo, se hizo sepultar en el monte más alto de la sierra, debajo de metros de nieve, donde nadie, ni cristiano ni moro, perturbara su sueño. Me han contado que cuando Boabdil trasponía detrás de las colinas, se volvió a contemplar por última vez la Alhambra, con lágrimas en los ojos. Aixa, la madre, que iba a su lado, le dijo:
"Bien está que llores como mujer por lo que no has sabido defender como un hombre."
- Las madres, siempre tan consoladoras - comentó Orbán.
Juan Eslava Galán.

Cosmética del Enemigo




Cósmetico, el hombre se alisó el pelo con la palma de la mano. Tenía que estar presentable con el fin de conocer a su víctima según mandan los cánones.
Jérôme Angust ya estaba hecho un amasijo de nervios cuando la voz de la azafata anunció que, debido a problemas técnicos, el vuelo sufriría un retraso sin determinar.
Amélie Nothomb

miércoles, 28 de marzo de 2007

Las Intermitencias de la Muerte

*** Para empezar, levantar la sesión, respondió el de más edad, Y luego, Seguir filosofando, ya que nacimos para esto, y aunque sea sobre el vacío, Para qué, Para qué, no sé, Entonces, por qué, Porque la filosofía necestia tanto de la muerte como las religiones, si filosofamos es porque sabemos que moriremos, monsieur de montaigne ya dijo que filosofar es aprender a morir.

*** Qué diran los vecinos cuando descubran que ya no están aquí aquellos, que sin morir, a la muerte estaban.

*** Con las palabras todo cuidado es poco, mudan de opinión como las personas.
Saramago

viernes, 16 de marzo de 2007

Heladas uñas violetas

Violetas, heladas uñas
realidad mayor reflejan.
Solitario costurero
de botones un rimero.
Luz que mi ventana cuela
la destemplanza ahuyenta,
añíl que el cristal traspasa
la futíl vida recuerda.
Uñas, violetas heladas
realidad mayor reflejan.
Teléfonos apagados
el silencio me preservan.
El rún-rún del aparato
sobre mi cabeza vuela,
sube la temperatura
de mi alma casi yerma.
Violetas uñas, heladas
mayor realidad reflejan.
Libro dormido que llamas
deja tus palabras quietas.
Los colores de la manta
en mis piernas se relajan,
testimonian que ha de venir
una mejor primavera.
Uñas, violetas heladas
mayor realidad reflejan.
Albúm de fotos cerrado
deja tus páginas prietas.
Violetas heladas uñas
uñas heladas violetas.

viernes, 9 de marzo de 2007

Pony End







Sintonizada la radio en M80, suena música de los setenta, ochenta y noventa. El tráfico aumenta,y los viajeros con paciencia avanzan en la serpiente gris de la brecha.
Día luminoso de invierno, en el coche, hasta se alcanzarán los treinta. Discurre el tiempo,que no el espacio, y el agobio aumenta.
Con asombro veo dos ponis, al borde mismo de la acera. Qué cosa más curiosa y más extraña, parece primavera.
-Mira niño, dos ponis!! Observa y no te los pierdas!!

Con los hocicos rozando, con los cuellos enlazados, estampa bucólica y ajena al enjambre de autos que les rodea.
Suena un inmenso estampido, la realidad contra el volante estalla, suena un tremendo alarido, de sorpresa y destemplanza.
Ojos desorbitados, aliento y temor en el pecho amarrados.
-¿Cómo estais hijos míos? ¿Os ha pasado algo?
-No te apures mami que bien estamos.

Atolondrada salgo y al coche alcanzado alcanzo.
-¿Mujer cómo te encuentras? ¿Y el niño, se ha lastimado?
-Sólo me duele el cuello pero nada extraordinario. El niño también está bien, un poquito amedrentado.
En su sillita me mira como a un auténtico extraño.
Aún veo dos coches más, que a la chapa he alcanzado, la policía lo llamará: Choque por contacto.
La ambulancia que allí nos ve, se interesa de inmediato. No hay heridos en apariencia sólo solloza mi auto. El líquido que, verde asoma de los bajos desgarrados, precede a mi amargo llanto.
- Tranquilícese señora, que no ha sido para tanto. El seguro ya lo arregla, para eso lo pagamos. Véngase conmigo ahora que la tensión le aflora y ese dolor en el pecho se mirará sin demora.

Ya sentada en la ambulancia, la respiración más pausada, veo mientras arranca a los ponis cara a cara.
La sirena apenas suena, la escena ya se aleja: polis, coches, niños, madres y unos ponis en pareja.

Febrero de 2007

viernes, 2 de marzo de 2007

De otra manera

Camino
con sentido de equilibrio.
Del destino ¿soy señora?
guardándolo de la borda.

Mira de otra manera,
alegra el alma: cansada, quieta.

Si tienes lo que quieres
¿por qué no lo quieres tener?
Del hastío de tu suerte
¿saltas a cuestionarte ser?

Las sombras del claroscuro
sobrevuelan tu diario
¿Cómo harás para sacudir
su peso de dinosaurio?

He aqui la grandeza,
de las almas: cansadas, quietas;
pues ¿sin querer se acompañan?
en el día a día y
¡navegan!

Mira de otra manera,
pues a poco que pueda,
el filo de tu borda,
desaparecer
haré.