domingo, 21 de febrero de 2010

jueves, 11 de febrero de 2010

Mayte Martín - Procuro Olvidarte


Procuro olvidarte
siguiendo la ruta de un pájaro herido
procuro alejarme
de aquellos lugares donde nos quisimos
me enredo en amores
sin ganas ni fuerzas por ver si te olvido
y llega la noche,
y de nuevo comprendo que te necesito.

Procuro olvidarte
haciendo en el día mil cosas distintas
procuro olvidarte
pasando y contando las hojas caídas
procuro cansarme
llegar a la noche apenas sin vida
al ver nuestra casa tan sola y callada
no se lo que haria.

Lo que haría porque estuvieras tú
porque siguieras tú conmigo
lo que haría por no sentirme asi
por no vivir así, perdido

Lo que haría porque estuvieras tú
porque siguieras tú conmigo.
lo que haría por no sentirme así,
por no vivir así, perdido...

Procuro olvidarte
siguiendo la ruta de un pájaro herido
procuro alejarme
de aquellos lugares donde nos quisimos
me enredo en amores
sin ganas ni fuerzas por ver si te olvido
y llega la noche,
y de nuevo comprendo que te necesito.

Procuro olvidarte
haciendo en el día mil cosas distintas
procuro olvidarte
pasando y contando las hojas caídas
procuro cansarme
llegar a la noche apenas sin vida
al ver nuestra casa tan sola y callada
no se lo que haria.

Lo que haría porque estuvieras tú
porque siguieras tú conmigo
lo que haría por no sentirme asi
por no vivir así, perdido

Lo que haría porque estuvieras tú
porque siguieras tú conmigo.
lo que haría por no sentirme así,
por no vivir así, perdido...

Stefan Zweig - Carta de una Desconocida

Sólo quiero hablar contigo, decírtelo todo por primera vez. Tendrías que conocer toda mi vida, que siempre fue tuya aunque nunca lo supiste. Pero sólo tú conocerás mi secreto, cuando esté muerta y ya no tengas que darme una respuesta; cuando esto que ahora me sacude con escalofríos sea de verdad el final. En el caso de que siguiera viviendo, rompería esta carta y continuaría en silencio, igual que siempre. Si sostienes esta carta en tus manos, sabrás que una muerta te está explicando aquí su vida, una vida que siempre fue tuya desde la primera hasta la última hora. No te inquietes por mis palabras; una muerta ya no quiere nada, no quiere ni amor ni compasión ni consuelo. Sólo quiero una cosa de ti, que creas todo lo que te confiesa mi dolor, un dolor que sólo busca amparo en ti. Lo único que te pido es eso, que creas todo lo que te cuento: uno no miente en la hora de la muerte de su único hijo. (Pág. 8)

lunes, 8 de febrero de 2010

Exquisito Rollo de Carne Con Verduras y Piñones

Receta: Próximamente

El Maestro de Almas, Irène Némirovsky

   
-¡Pche! ¡Cállate! -le ordenó Dario-. ¡Pche! -repitió. Para expresar desprecio en los momentos de emoción, cuando olvidaba los buenos modales, soltaba aquel bufido de gato salvaje-. Pero ¿sabes lo que estás diciendo? ¡Muérete de hambre, como yo, con una mujer y un hijo en los brazos! ¡Sabiéndote abandonado, sabiéndote solo, sin nadie para ocuparse de los tuyos si mueres, sin familia, sin amigos, sospechoso ante todos, extranjero! Cuando hayas visto morir a tu primer hijo casi de hambre, cuando tengas otra miserable boca que alimentar (¡la tuya, Daniel), cuando hayas pasado semanas pegado a la ventana esperando pacientes que no vienen, cuando te hayas arrastrado de Belleville a Saint-Ouen para pedir lo que te deben sin conseguir un céntimo, cuando tus vecinos te llamen sucio extranjero, meteco y charlatán sin que hayas hecho nada para merecerlo, entonces podrás hablar de dinero y éxito con conocimiento de causa. Y si entonces dices 'No necesito dinero', te respetaré, porque sabrás de qué tentación hablas. Pero hasta entonces, ¡cállate! ¡Sólo un hombre tiene derecho a juzgar a otro hombre!
   -No hablamos el mismo idioma -murmuró Daniel-. Apenas somos de la misma raza.
   -Yo también creía que no era de la misma raza que mi padre, sino de otra infinitamente superior. Tú me has enseñado lo contrario. Son cuestiones que sólo el tiempo puede ayudar a resolver.
   Darío se acercó y le besó la frente con suavidad, sin que pareciera advertir el estremecimiento de su hijo. Con firme ternura, lo obligó a tomarse el somnífero y se marchó con sigilo, como había llegado. (Pág. 202)